Confiar en la Palabra de Dios

BarcaUna barca para pescar $400, Redes para pesca $100, pescado fresco $8, encontrarte a Jesús y confiar en su palabra, eso… no tiene precio!

El evangelio del día de ayer tiene mucha enseñanza (Lc. 5, 1-11), pero personalmente me quedo con una parte del evangelio, esa que dice: “Pero confiando en tu palabra, echaremos las redes”.

Como dijera el sacerdote de mi comunidad: hay que imaginarse a Pedro y los demás en el contexto en que sucedieron las cosas, para entender que haberse subido a la barca y salir a pescar de nuevo implicaba un acto no solo de fe, sino de humildad y renuncia.

Pedro llevaba seguramente años en el oficio de la pesca. Estuvo toda una jornada de trabajo y no obtuvo nada a pesar de sus esfuerzos. ¿Había motivos para creer que Pedro no había hecho las cosas bien? Por supuesto que no! Pedro era un experto en su oficio, sabía que había hecho lo correcto, pero al mismo tiempo supo reconocer, que Jesús veía algo más allá de lo que el con sus conocimientos humanos podía percibir.

Por eso le dice que confiando en su palabra se lanza nuevamente a hacer lo mismo, pero ahora a la manera de Jesús. Y es aquí donde saco la enseñanza:

Nosotros en la vida, muchas veces hacemos las cosas a nuestro modo, como creemos que debe de funcionar. Intentamos una y otra vez y a veces no logramos hacer nada, en cualquier ámbito de nuestra vida. Y no es que estemos haciendo las cosas de forma incorrecta en muchos de los casos, sino que nos falta “algo mas” que puede hacernos la gran diferencia. Ese algo más es Jesús.

En TODAS tus actividades que realizas, ¿llevas a Jesús en tu barca? Piensa incluso en aquellas que te salen bien… ¿que sucedería si te llevasa  Jesús y no solo eso sino que le brindas la confianza de hacer las cosas a la manera de él? ¡El efecto es multiplicador! Eso está probado en este evangelio, en las bodas de Caná y en la multiplicación de los panes.

Quien hace las cosas a la manera de Jesús, no solo obtiene un buen resultado, sino resultados exponenciales, que humanamente no podríamos obtener. La invitación es la siguiente: atrevete a hacer las cosas a la manera de Jesús, confiando en su palabra y verás los resultados.

Todos sus comentarios son bien recibidos

Por: Rogelio I. Rodriguez Del Castillo.

Delegar

Delegar Mucho TrabajoAntes que de ser líderes, tuvimos un líder y bueno, parte de los motivos por los que llegamos a ser lo que somos hoy, es que nuestro líder nos delegó algunos cargos y tareas.

Veamos Mateo 28, 16-20

Por su parte, los once discípulos partieron para Galilea, al cerro donde Jesús los había citado. Cuando vieron a Jesús se postraron ante él, aunque algunos todavía desconfiaban. Entones, Jesús acercándose, les habló con estas palabras: “Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra. Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo.

Como vemos en lo anterior, Jesús como buen líder, el mejor de todos, hizo lo que nosotros también estamos llamados a hacer: delegar.

Muchos líderes tienen en mayor o menor grado este problema de no saber delegar; las razones son variadas, pero veamos tan solo algunas que suelen destacar.

Miedo a que el otro no haga bien las cosas y por lo tanto, tener que perder tiempo en arreglar lo que el otro no hizo bien.
Miedo a que el otro haga las cosas pero no tan bien y entonces se pierda calidad.
Miedo a que el otro haga las cosas mejor que uno y entonces perdamos seguidores. Aquí hay un problema mayor, porque entonces hacemos las cosas no para Dios sino para que nos alaben.
No quieren invertir tiempo en formar líderes porque piensan que es mejor si lo hacen ellos mismos.
Ahora bien, debemos tener cuidado de no caer en el otro extremo: hay líderes que delegan todo y con lo que se quedan es con la voz de mando. Tiene un equipo de personas que hacen labores de aseo, de prédica, de consejería de actividades pro fondos, de liturgia, etc., pero ellos no hacen nada, solo mandan. Y no es que tener voz de mando sea malo en sí, pero es conveniente no delegar por tener menos trabajo, sino para hacer crecer a los otros, y parte de la enseñanza es ser acomedido, ayudando en algo más que en mandar.

Pero, ¿a quién delegar y qué delegar?. Todo líder necesita un equipo de trabajo eficiente, sin embargo, en el principio, si los miembros no tienen experiencia, debemos estar conscientes que fallarán pero aprenderán. Por eso, debemos tener cuidado en la forma en que delegamos.

Por ejemplo, en mi comunidad, yo necesito a gente que sepa predicar, por eso, fui delegando algunas cosas, como por ejemplo, el control de la liturgia (el predicador necesita sentir autoridad), el dar avisos (perder el miedo a estar al frente) y otras cosas. Así mismo, fui dándoles una formación de predicadores y ahora, en el mes pasado, delegué el tema del grupo a mis formados. Esto me sirvió porque este mes he estado sobre cargado de trabajo y no podía ir a dar el tema.

Pero tengan cuidado que si delegan muchos cargos a una sola persona pueden hacer la carga muy pesada y hundir la autoestima de sus delegados ya que seguramente tendrán muchos errores. Sean como padres formando a sus hijos para la vida, en este caso, para la vida de: predicadores, lectores, animadores, coristas, etc…

Espero que ahora vean el delegar como una herramienta de formación de futuros líderes que, aunque cometan errores, aprenderán y que delegando, estarán expandiendo el reino de Dios.

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Por: Rogelio I. Rodríguez Del Castillo.

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